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sábado, 12 de marzo de 2016

Novena a San José: San José en los primeros siglos.

Durante la primera catequesis cristiana, su mensaje se centró en el anuncio del kerigma: pasión, muerte y resurrección del Señor (Hch 2, 22 – 24; 3, 13 – 16; 4, 10; 5, 30 – 32); sin embargo, en el evangelio pre – pascual, se presentó a José como trasmisor de la ascendencia davídica, como padre de Jesús, como esposo de María y finalmente como silencio fecundo en la plenitud de los tiempos. No se necesitaba escuchar a José hablar, se necesitaba entender aquellos  verbos hechos movimiento: tomó, le puso, levántate, huye, se quedó allí,…


Para los cristianos que no conocieron a Jesús surgió la necesidad de conocer más de cerca el evangelio de la infancia o de la vida oculta en Nazaret, y de esta inquietud surgieron los “evangelios apócrifos”. Sin quererlo, la reflexión cristiana partía de la realidad histórica y pascual para detenerse en la fantasía religiosa pre – pascual o pascual. Se intentaba expresar la pre – historia familiar de Jesús hasta sus abuelos (no estaban claros los datos familiares en las genealogías: Mt 1, 2 – 16; Lc 3, 23 – 28); la presencia de María durante su infancia  en el Templo de Jerusalén; su boda, acompañada de lo maravilloso; acompañantes y episodios en el camino hacia Belén o hacia Egipto; la vida familiar en Nazaret, la muerte de san José.

Estos años resultan difíciles para la reflexión cristiana, que tendría que luchar para que los modernismos o la antigüedad de ideas, filosofías y preconceptos culturales, no se mezclaran con la simplicidad de la buena noticia anunciada por Jesús.

Pintura del Santuario de San José de la Montaña:
Beata Petra de San José ingresa a la Gloria. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Novena a San José: Segundo día

San José en los Evangelios.



La referencia principal de Marcos (6,3), sobre San José es al identificarlo como un "tekton". La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Mateo, a quien me he empeñado en llamar “el pintor de san José”, en los capítulos primeros de su evangelio nos da su mejor retrato. Como bocetos de una obra mayor en su prólogo nos recuerda: su genealogía (Mt  1, 2 – 17), sus cualidades y apuros (Mt 1, 18 – 26), la adoración de los magos (Mt 2, 1 – 12), la huida a Egipto (Mt 2, 13 – 18) y el regreso a Nazaret (Mt 2, 19 – 23). No es poco lo que nos narra este evangelista sobre José. 

Lucas, el médico escritor y amigo fiel de Pablo (Cfr. 2 Co 8, 18; Col 4, 14; 2 Tim 4, 11; Hch 16) si bien nos deja una hermosa imagen de María, conducida por el Espíritu Santo; san José es uno más, a quien en ocasiones se le intuye más que se le ve en los evangelios de infancia  en total ausencia de palabras.

El cuarto evangelio no ofrece muchas alusiones sobre san José, aunque sí resalta su  paternidad  sobre Jesús: “Hemos hallado a Aquel de quien se habla en la ley de Moisés y en los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret” (Jn 1, 45).

 Quiero cerrar estas líneas con unas palabras de Juan Pablo II que me parecen como un compendio de esta presencia y ausencia de san José en los evangelios: “Con pocos rasgos, pero significativos, lo describen los evangelistas como solicito custodio de Jesús, esposo atento y fiel, que ejerce la autoridad familiar con una constante actitud de servicio. La Sagrada Escritura no nos dice nada más de él, pero este silencio refleja el estilo mismo de su misión: una existencia vivida en la sencillez de la vida ordinaria, pero con una fe cierta en la Providencia”[1].



[1] Juan Pablo II, Audiencia del miércoles 19 de marzo de 2003. P. 12, en L’ Osservatore Romano. No 152, 21 de marzo de 2003.

jueves, 10 de marzo de 2016

Novena a San José: Primer día.

¿Cuántas veces aparece la figura de san José en el Evangelio? Alguna vez me hice esta pregunta y he intentado respondérmela, hoy te la hago a ti.   

Para dar respuesta a mi pregunta revisa primeramente el Nuevo Testamento y quédate junto a los evangelios. Allí encontrarás todo lo que necesitamos saber sobre san José. Te sugiero que leas los primeros capítulos de san Mateo (1 – 2) y luego, los dos primeros de san Lucas y dando un gran salto, leas Juan 6, 42. En estos pocos pasajes habrás hallado toda referencia sobre el hombre que en Israel se convirtió en, y fue, padre de Jesús. ¿Por qué tan poco sobre san José?

Con poco juicio afirmaba Miguel de Unamuno sobre los textos josefinos del Evangelio: "Cabiendo, como cabe, en una cuartilla del tamaño de un papelito de fumar cuanto los evangelios dicen de San José, el esposo de María, hay quien ha escrito una Vida de San José, patriarca, que ocupa 600 páginas de compacta lectura. ¿Qué puede ser su contenido sino declamaciones o piadosos fraudes?" (Mi religión y otros ensayos, Austral, 1968, p. 19).  ¿Cierto o falso?